Era un sitio precioso, no sabría describirlo con las palabras adecuadas pero era un sitio espectacular, el mar, el paseo marítimo, hasta había en el puerto un pequeño parque de atracciones. Fuimos a una pequeña tienda ( lo que en España se llama de toda la vida un chino) yo me compré un refresco parecido al monster pero que se llamaba arizona, Sam, en cambio, se cojio una cocacola. Salimos de la tienda y fuimos andando hasta la playa, al llegar a la arena me quité mis vans y las cojí con la mano. Propuse que nos sentáramos en una de nuestras toallas, me dijo que era una buena idea, saqué de mi mochila la toalla y la estendí sobre la arena y nos sentamos los dos. Nos pusimos a ver anochecer, empezamos hablar de nuestras gilipolleces, como de costumbre, cuando de repente me pregunta:
-Olle, ¿puedo llamarte Niky? Es por no llamarte Nicole que es muy largo.
-Sí por mi vale.
-¿No te molesta verdad?
-No claro que no pero si hasta mis amigas me llaman así.
-¿Si?
-Si al principio lo veía un poco raro pero me acabé acostumbrando.
-¿Quieres que demos un paseo por la orilla y seguimos hablando?
-Claro.
Cojí la toalla, la sacudí para quitar la arena y la guardé. Fuimos a la orilla, caminamos y caminamos, hasta que yo, por hacer la gracia, le salpiqué un poco de agua con el pie, me cojio por la cintura y me tumbo en el suelo, y yo le empuje y empezamos a hacer la croqueta. No podía parar de reír, todo el mundo nos miraba, pero yo no paraba de reír y de reír, hasta que él paró y me miró fijamente, le miré, nos miramos. Me intentó besar pero yo una vez más giré la cabeza hacia otro lado:
-¿Por que lo has hecho otra vez?-dijo-
-Bostecé- Estoy cansada.
-¿Otra vez?
-Sí- me reí-
De repente, no me lo podía creer, pero estábamos allí los dos tumbados en la playa, abrazados, uno frente, al otro, cuando me besó.
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