Todo era como un sueño, no me lo creía pero era de verdad estábamos los dos, bajo la lluvia, besándonos. Nos despedimos y cada uno volvió a su habitación.
Al día siguiente me desperté temprano, no sabía que hacer, así que bajé a la piscina a tomar un poco el sol. Mientras estaba allí tomando el sol y escuchando música, vi a lo lejos a Kian, se acercó.
-Hola Kian- le dije-
-Hola, ¿que tal estás por lo de Sam?
-Mejor, ya no lloro, pero sigo pensando en el tema.
-Yo le voy a echar mucho de menos, es mi mejor amigo desde preescolar y sin él no será lo mismo.
Le di un abrazo, parecía que lo necesitaba porque casi se le saltaban las lágrimas de tristeza:
-No te preocupes, un mes se pasa rápido y además me tienes a mi, puedes hablar conmigo cuando lo necesites, tienes una amiga para hablar de lo que sea. -le dije-
-Gracias Nicole.
-¿Sabes como alegro yo a mis amigas cuando están como tu?
-¿Cómo?
-Jugando a las palmas.
-¿Enserio?
-Sí, siempre acaban con una sonrisa.
Empezamos a jugar a las palmas y casi nada más empezar ya se le había dibujado una sonrisa. Los dos nos reíamos sin parar, cuando apareció Sam:
-Hola idiota-le dije bromeando-
-Hola reina de las idiotas.
-Me reí- ¿Al final puedes quedar esta tarde?
-No, mis padres quieren llegar cuanto antes a Nueva York. Lo siento.
-Jo, bueno me voy a dar un baño, ¿os venís alguno?
-Yo voy- respondió Sam-
Fuimos los dos a la piscina, Sam se colocó en el borde solo mojando los pies, mientras que yo fui corriendo y me tiré de bomba.
No hay comentarios:
Publicar un comentario